Cruz Vázquez Rouco

Cuando era aún una adolescente llegó a mis manos un maravilloso escrito del poeta, filósofo y artista KHALIL GIBRAN. Me gustó tanto, que lo tuve en la pared de mi cuarto durante años. Cada vez que mis padres querían inculcarme sus ideas, o corregirme, o con su mejor intención imponer su voluntad, yo les leía el poema.

¡Lo tenía tan claro!… Sabía que yo cuando tuviese hijos mantendría firmemente ese sentimiento de amor y desarraigo, para dejarles crecer aprendiendo por sí mismos y desarrollando sus propias ideas.

Pero cuando tuve hijos, comprendí mejor a mis padres. Que bellas palabras, pero que difícil es educar de esa manera. Sus miedos, eran también los míos, su afán de protección ha sido un testigo que recogí sin apenas darme cuenta.

Aun sabiendo como quería hacerlo, no llegaba a conseguirlo. Ahora sé que solo se logra cuando en un estado de calma mental, hacemos un cambio de perspectiva, de tal manera que cambia también nuestra visión, y los miedos, se van volviendo humo. Pero como no siempre logro esa calma mental, voy a continuar colocando ese bello poema en la pared.

Cruz Vázquez

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Autor

Cruz Vazquez Rouco